"La frivolidad es la gran virtud postmoderna, consiste en no tomarse nada excesivamente en serio, en evitar la confrontación dialéctica. Para el frívolo no tiene sentido la diferencia entre lo esencial y lo accidental, entre lo categórico y lo anecdótico, pues todo ello forma parte del mismo universo insoportablemente leve."
Francesc Torralba Roselló
Francesc Torralba Roselló
Nutella: elemento peligroso en exceso, que puede convertirse en protagonista de fiestas, fotos, y posteriores resacas.
En la cultura tradicional, esa que se forma cada uno cuando se ve obligado a convivir fuera de la sua casa, el frívolo reacciona considerando a su entorno como un gran parque de atracciones. Todos los dias son como un cumpleaños número 8: los platos son de diferentes colores y tamaños, se comen sanwiches y los adultos beben cerveza y comentan Gran Hermano. A veces, se juega al escondite, aunque sólo participan las botellas de aceite.
Pero después de la fiesta llega el momento de levantar el campamento. Ay!, como apetece entonces alguna reflexión (con la maldad justa) y la relajación, y dejar de pensar en el Mickey Mouse de los vasos de colores. Para evitar comas hipoglucémicos, lo mejor es lo siguiente: café, sin azúcar del Ciao, paciencia, y esconder el bote de nutella; porque cuando se abusa del dulce, de lo leve y también y dicho sea de paso, lo empalagoso, terminamos todos a la palestra en el sentido itagnolo del término, al espacio tangible de las pesas, y al intangible del fin del buen rollo.
Porque el plato típico de España no es el chorizo señores, pero tampoco la nutella. O eso pensiamo, de momento.

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